A toda velocidad, pero sin rumbo

24 de Abril de 2024

¿Habitualmente te montas en el coche y te pones a conducir sin ir a ningún sitio, sin saber a dónde vas?

¡A que no! Es más, ahora muchas veces aun sabiendo a donde quieres ir y conociendo el camino pones el GPS por si hay un camino más rápido o con menos tráfico.

Y ¿Por qué en las empresas muchas veces se trabaja sin conocer el rumbo?

Quizás se trabaje mucho y bien, pero ¿en la dirección correcta? ¿en las cosas en las que hay que trabajar? ¿no seremos como el hámster en la noria?

Imagínate que compras una de las berlinas más potentes del mercado, y  para llevarla nada menos que a Fernando Alonso. Te pones a dar vueltas por la M-30 y vas feliz porque adelantas a todos, sin darte cuenta de que no llegarás a ningún sitio, dando vueltas en círculo.

Pues lo malo es que esto que nos parece ridículo sucede muy, muy a menudo. Seamos autocríticos, esto sucede más de lo que nos gustaría reconocer.

Es cierto que hace años se puso ya de moda definir la misión, la visión y los valores de la empresa, pero ¿se hizo de forma que toda la organización esté verdaderamente alineada? 

En la mayoría de los casos en lugar de ser algo específico, son vagas aspiraciones que sirven para poco. Es como poner en el navegador Madrid e ir tranquilo porque ya tienes un rumbo. Madrid es muy grande, hay que afinar más si quieres llegar a destino. Allá tu si te quieres conformar con esa frase bonita para los cuadros de la sala de juntas.

Es fundamental definir bien la misión de la empresa y que esta incluya tres prioridades económicas, un marco temporal y la razón por la que esa misión es importante. Después vendrán las características necesarias para cada miembro del equipo, y  las acciones críticas.

Quizás parte del problema nazca en España de la necesidad de normalizar las conversaciones sobre beneficios. Las empresas están para ganar dinero, y si no lo hacen acaban cerrando. Podemos debatir si cuando ganan dinero se reparte de manera adecuado entre los trabajadores, los accionistas, la sociedad, etc, pero no tiene que ser vergonzoso que nuestra misión tenga entre sus objetivos crecer un 20%, aumentar el beneficio hasta el 10%, abrir tres nuevos mercados, o lanzar 12 nuevos productos en los próximos dos años.

Tienen que ser específicos y medibles, y que impulsen los ingresos y el beneficio de la empresa. Temas concretos que todo el personal conozca y pueda recitar de carrerilla. Si esto es así, sin duda las cosas en la empresa funcionarán mucho mejor. Muchas veces esto tiene mucho mayor impacto que grandes programas de inversión o de formación. Gran impacto por poco dinero.

Si todo el personal de la empresa lo tiene claro, y trabajan alineados con un mismo objetivo, el cambio es exponencial.

En Grupos muy grandes quizás no sea válido una misión para los 15000 empleados. El grupo puede tener su misión, pero será necesario aterrizar ese objetivo en cada empresa, delegación o equipo para que cada empleado tenga claro el objetivo en el que él participa y de qué forma él es importante para conseguirlo.

Teniéndolo bien definido se trata de ver si nuestras acciones y decisiones contribuyen a su consecución. En siguientes artículos profundizaré sobre los aspectos clave para definir una misión que sirva, pero ahora el objetivo es que tengamos claro que lo primero de todo es tener un objetivo, ponerlo en el GPS.

Y como siempre, no cometamos el error de reconocer que debemos establecer un objetivo concreto, pero sigamos sin hacerlo.

Podemos tener las mejores ideas del mundo, pero si no las ejecutamos nos adelantarán aquellos con ideas no tan buenas, pero que si son capaces de actuar.

Definir una buena misión, y manos a la obra.

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